EL ESPÍRITU SANTO NOS ENSEÑA Y NOS RECUERDA

Pentecostés era una de las tres grandes fiestas judías; muchos israelitas peregrinaban a Jerusalén en estos días para adorar a Dios en el Templo. El origen de la fiesta se remontaba a una antiquísima celebración en la que se daban gracias a Dios por la cosecha del año, a punto ya de ser recogida. Después se sumó en ese día el recuerdo de la promulgación de la Ley dada por Dios en el monte Sinaí. Se celebraba cincuenta días después de la Pascua, y la cosecha material que los judíos festejaban con tanto gozo se convirtió, por designio divino, en la Nueva Alianza, en una fiesta de inmensa alegría: la venida del Espíritu Santo con todos sus dones y frutos

¿Por qué ese les conviene que Yo me vaya? Se podría aventurar que los discípulos hasta entonces estaban con Cristo, o mejor, que Cristo estaba con ellos. Pero al llegar el Espíritu Santo, Cristo está en ellos. Desde ese momento, somos hijos del Padre, hermanos de Jesucristo y confidentes del Espíritu Santo. Él hizo que la gente que estaban atemorizada se transformaron, tras el acontecimiento de Pentecostés, en personas que dan abiertamente la cara por Jesucristo. Quienes no se atrevían a hablar se convirtieron en cuestión de horas en gentes que no se podían callar. Nosotros no podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído, responden ante la prohibición expresa de hablar de Jesucristo. El contraste es evidente: antes miedo, dudas, puertas cerradas; ahora: valor, empuje, alegría, paz. Es una segunda creación, expresada en el gesto de Jesús exhalando el aliento sobre ellos, recuerdo del gesto creador de Dios infundiendo vida a Adán (Gen 2, 7).

El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el justo camino, a través de las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino, el sendero.

El Espíritu Santo nos recuerda, nos recuerda todo lo que dijo Jesús. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace comprender las palabras del Señor.

Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un cristiano a mitad de camino, es un hombre o una mujer prisionero del momento, que no sabe tomar en consideración su historia, no sabe leerla y vivirla como historia de salvación.

Comparte este articulo

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *